La balanza y la montaña rusa.

“Dos cosas me admiran: la inteligencia de las bestias y la bestialidad de los hombres”. Frase atribuida a Tristan Bernard narrador y dramaturgo francés.

Hay sin duda una inteligencia atávica en el reino animal, una capacidad forzosa para extremar el pensamiento lógico en aras de la propia supervivencia.  

Y habrá quien se rasgue las vestiduras, afirmando que en el reino animal no existe el pensamiento lógico; al igual que la tierra se consideró plana y geocéntrica  hay quién aún hoy niega tal capacidad. 

Sin entrar en disquisiciones cualquier investigación parte de una base universal, la observación; observar resulta muy educativo, sorprendente para quién desee maravillarse sin buscar sesudas explicaciones sobre uno u otro comportamiento animal.

El perro lobo checoslovaco es un crisol de herencias, un almacén de sorpresas y sobre todo un ejemplo residual de la propia naturaleza. Disfrutar de todo ello conlleva aceptar la balanza.

Balanza resultante de la integración, en nuestras vidas, de ese maravilloso trozo de naturaleza; no olvidemos que nada resulta gratuito que todo – o al menos casi todo – tiene un coste.

No podemos pretender disfrutar de la convivencia con un animal como el plc sin “sufrir” determinadas consecuencias. Y es la balanza natural, el precio que el ser humano debe abonar en esta sociedad “moderna”, “avanzada” y materialista.

Se logró mezclar al lobo de los Cárpatos con el pastor alemán de trabajo de los años 50, se alcanzó el objetivo de obtener un ejemplar relativamente dócil – al trabajo con seres humanos – y con unas capacidades espectaculares en cuanto a resistencia, oído y olfato.

Con el tiempo, escaso tiempo, la raza fue abandonando las perreras militares, los bosques y montañas, pasando a manos civiles; con el tiempo estos maravillosos ejemplares han terminado en nuestras casas.

Y muy sesudos y cabezones nos empecinamos en “socializarlos” hasta lograr que asistan impasibles a la Feria de Sevilla, la Tomatina de Buñol o a una final de Champions.

Somos muy nuestros, y sobre todo muy lógicos en nuestro pensamiento.

Habrá quién con un ingente trabajo logre que su plc esté en cualquier sitio y cualquier circunstancia, loable esfuerzo y admirable resultado.

Pero la observación, de multitud de ejemplares de esta maravillosa raza,  me indica – salvo error u omisión – que estar están, si…pero muy lejos de una integración total o cuando menos indiferente.

El plc en grandes aglomeraciones casi nunca se encuentra reposado o tranquilo,  si expectante, cauto y en ocasiones molesto; he podido comprobar casos admirables de un total autismo, a todo lo que les rodea, imagino que no deja de ser un mecanismo de auto defensa.

Por supuesto que deben integrarse en nuestro entorno, sin duda deben aguantar cuando toque aguantar; pero de ahí a elevarlo en necesidad imperiosa para forzar al plc a situaciones gratuitas………..va un trecho, si lo único que se pretende  es nuestra propia elevación.

El universo de los grandes encantadores de perros está ya saturado, y nuestro planeta anda muy escaso de sentido común.

La balanza actúa de manera inexorable, y cuando dejemos sólo – en casa o en una finca o jardín – a un ejemplar, durante un  tiempo indeterminado,  obrará en consecuencia.

Su instinto gregario se activará, la ausencia de sus referentes y de su grupo lo pondrá en marcha; podrá pasar de una ansiedad moderada al aburrimiento para volver a una ansiedad más acentuada.

Le provocará que su innata curiosidad, por todo lo material que le rodea, se convierta en obsesiva y compulsiva necesidad de mover, morder, romper  e incluso intentar la fuga.

Se activarán sus “especialidades” en jardinería, fontanería, electricidad y otras artes del reciclaje.

La balanza es inexorable y nuestra mala leche infinita cuando esto sucede. Pero algo extraño acontece, cuando tras acordarnos de todos sus ancestros, de la loba Brita y del coronel Karen Hartl …..nos miran a los ojos y terminamos cediendo a esa mirada.

Y es algo recurrente, nos sucede y sabemos que un propietario de plc se dividirá siempre en dos tipos concretos: el que ha sufrido el talento de su ejemplar para “redecorar” o “reciclar lo útil” y el que lo sufrirá.

Es la balanza natural, y nos guste o no….. es lo que hay; integrar un animal tan cercano a sus ancestros en nuestras vidas conlleva multitud de satisfacciones, infinidad de momentos y desajustes con nuestra vida sedentaria y aposentada.

Si nos subimos al vagón de esta montaña rusa, nos aguardan subidas lentas….. muy lentas, bajadas de vértigo y tirabuzones de infarto.

Gritaremos cual posesos, se nos descompondrá la cara y el alma….pero al bajar, al igual que en las originales, tendremos una expresión en el rostro digna de un niño con zapatos nuevos tras haber engullido un kilo de chocolate.

El pensamiento lógico animal es intrincado, indescifrable en la mayoría de ocasiones, pero al igual que las meigas …haberlo creo sinceramente que lo hay.

Nuestra innata bestialidad tiene la oportunidad de diluirse en esta balanza,  de la que merece la pena formar parte..sin duda alguna.

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