Érase una vez.

“La gota horada la roca, no por su fuerza sino por su constancia”. Publio Ovidio Nasón, más conocido por Ovidio, gran poeta romano fallecido el año 17 d.C.

Charles Perrault acuñó la frase “il était une fois”  (érase una vez) para dar inicio a uno de sus cuentos en el año 1694. Desde entonces dicha frase abre un mundo de expectación al inicio de cualquier relato.

Y no hay porque ceñirse a relatos infantiles, no debemos perder la ilusión, la capacidad de asombro es algo que nunca debiera perderse por muchos años que nos vayan cayendo.

Érase una vez…..Un bosque cerrado y plagado de robles, de espesa vegetación y lleno de vida; rodeado, cual corona natural, por una formación rocosa que forzaba un difícil acceso a su interior. Un santuario natural y reducto ancestral, hábitat de lo vivo, sepulcro de todo lo muerto y santo grial de todo lo oculto.

Hogar de corzos y territorio de mil extrañas criaturas, campo abonado para las sensaciones y los momentos; en su seno y en lo más recóndito de su espesura, apenas cual murmullo, se escucha la respiración agitada de Luna.

En su primer celo la hembra dominante de su manada logró expulsarla. Su astucia y fortaleza la hicieron medirse tiempo atrás con ella, de un modo cauto pero imparable su instinto la forzaba a intentar ascender en la jerarquía.  

El sonido de la hojarasca, mientras Luna camina, armoniza con la melodía del propio bosque.

Siempre fue una excelente cazadora, astuta y certera supo ejercer su papel dentro de la manada; establecido el cerco era la más rápida cuando Reiko, el macho dominante, daba la orden de abalanzarse sobre la presa.

Sonidos, colores y olores, envuelven su cuerpo con un especial manto, con la fuerza viva de la naturaleza.

Pero Elora, la compañera de Reiko, siempre mantuvo su supremacía. Luna no pudo inhibir su primer celo, y Elora no perdonó aquella ofensa, aún hoy y con la respiración agitada, caminando por el bosque, recuerda el dolor de las heridas y el desconcierto del forzoso exilio.

La fuerza viva envuelve su cuerpo, su ser vaga intentando sobrevivir….buscando su sitio.

Días y semanas vagando…. fuera del territorio que fue su hogar, alimentándose a duras penas con bayas, raíces y pequeños roedores.

Fue duro, demasiado duro para ella, su cuerpo experimentaba un cambio brutal y una fuerza imparable la empujaba a buscar desesperadamente el rastro de un macho.

Necesitaba aparearse, aullaba cada noche hasta la extenuación….su llamada era cada día más profunda y más agónica. Llegó a romper su natural cautela, lo hizo sin poder evitarlo y se acercó a lugares prohibidos.

La noche encendía su ser, iluminaba su instinto, la propia oscuridad le daba fuerzas.

Siempre evitó al ser humano, su madre le enseñó a distinguir su olor, a huir de su presencia y a escapar de sus batidas; sin embargo aquel día, su desesperación y el hambre la acercaron a aquel extraño lugar.

Fuerza y astucia nada pudieron, instinto y cautela sirvieron de muy poco….cuando su vida pendía del hilo de un poco de comida.

El olor a carne fue su perdición y terminó en el fondo de aquella trampa, enjaulada y temblando. De aquella trampa pasó a una jaula, todo fue muy extraño muy rápido; hubo comida y lo más extraño es que aquellos seres le llevaron a un macho.

No era un lobo, no era de su especie,  pero ella estaba receptiva y aquel macho la cubrió. Los días siguientes notó extrañada un desmedido interés de aquellos seres.

Su cuerpo se transformó poco a poco, su instinto se agudizó y necesitaba soledad…absoluta soledad. Ellos la vigilaban, todos cubrían su cuerpo con el mismo color y las mismas prendas….pero olían muy diferente.

La comenzaron a llamar Brita, repetían ese nombre una y otra vez; Luna comía, ya no tenía esa sensación próxima al desfallecimiento…pero estaba inquieta y absolutamente intranquila. Carecía de lo más preciado, su libertad.

Este cuento, esta breve fabulación, pudiera ser el origen de nuestra raza….seguramente fue muy distinto; pero algo es tan cierto cómo el cielo que nos cubre……una maravillosa loba terminó en manos de los hombres para iniciar un experimento atrevido y complejo.

El lobo es una gota, constante y capaz de sobrevivir a todo….extraordinario animal que sin duda ha horadado nuestras conciencias, al menos algunas de ellas.

Brita fue el comienzo de una extraña aventura, el inicio de un proyecto militar; no puedo evitar recordarla en la mirada de cualquier plc, una mirada que atraviesa tu alma con la profundidad de una belleza salvaje.

Hoy y aquí, todos aquellos que disfrutamos de su compañía, todas aquellas personas que sabemos valorar esa mirada, rendimos homenaje a su esencia….a su libertad.

Hoy Brita vive en cada plc, nos recuerda que su sangre no fue fabricada en una granja, que su pelo no se desarrolló en una jaula….su ser es un aullido de libertad, que pugna por hacerse un sitio en nuestras vidas.

Valoremos la verdadera esencia de estos animales, porque respetando su ser quizás desde los bosques más profundos de los Cárpatos el aullido de una loba nos agradezca nuestro gesto.

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