Naturaleza salvaje.

“Todo lo que se ignora, se desprecia.” Antonio Machado aseveraba una verdad aplastante. Tan aplastante como nuestra tozuda, y empecinada obsesión, por vivir malgastando la vida y todo lo que implique naturaleza.

Asistimos con una pasmosa tranquilidad al fenómeno del total desapego a nuestros orígenes, la cultura obsesiva del consumo y el ocio tecnológico arrastra desde la infancia al ser humano; somos genios de la informática desde muy temprana edad, las redes sociales – espacios tan virtuales como una caja tonta – son nuestra adicción.

Vivimos colgados de las nuevas tecnologías, y si estas fallan…..si por un casual nos quedamos sin poder acceder a ellas…..nuestro mundo se derrumba.

No se trata de criminalizar lo positivo, la posibilidad de comunicación global es un fenómeno jamás visto con anterioridad; conocer en tiempo real qué está sucediendo en cualquier rincón del mundo es algo realmente positivo, tener acceso a cualquier información y compartirla es del mismo modo un logro.

Pero la medida, el equilibrio, de las cosas no es nuestro fuerte; y de la virtud pasamos al vicio.

Olvidamos que para desplazarnos de un punto a otro se puede caminar, ignoramos que sin energías tan comunes como los derivados del petróleo o la electricidad no sabríamos vivir.

El desapego a nuestra propia evolución, como especie dominante del planeta, nos hace olvidar por completo nuestra historia…..y nos condena irremediablemente a repetirla.

Por supuesto que formamos un todo en sociedad, que somos parte de un complejo mecanismo de prioridades; pero no debiéramos perder nunca la esencia como individuos y como sociedad.

Diluidos en la rueda del día a día, damos por sentado y bueno todo aquello que está borrando de nuestra memoria genética nuestra propia existencia.

No estamos pisando este planeta gracias a la electricidad, el petróleo o las redes sociales; olvidamos que fuimos capaces de integrarnos en la naturaleza, que observamos su poder y poco a poco logramos vivir con ella…para acabar cual parásitos viviendo de ella y consumiendo su riqueza hasta la extinción.

Y no se trata de discursos grandilocuentes ni apocalípticos, no…..se trata de un niño de corta edad  – quizás no más de 3 años -y que al ver un plc le grita a su madre “mamá mamá un lobo”.

Algo en la memoria genética del ser humano pervive, algo en ese niño nos hace tener esperanza; y es nuestra obligación educar, recordar a esos pequeños que la naturaleza no es una bandeja de muslos de pollo en el super; que las redes sociales deben acercar a las personas, no encapsularas en la soledad de su habitación, que podemos y debemos aprender de los animales y de su entorno.

Si un niño es educado en la convivencia y el respeto hacia los animales frenaremos una parte de ignorancia, que desembocará en desprecio; si cada uno de nosotros somos capaces de aportar ese pequeño grano de arena habrá esperanza.

Nuestra raza – el plc – es complicada, difícil sin duda, pero sigo creyendo firmemente que esta “mutación” creada por el hombre nos recuerda cada día la grandeza de lo natural, la increíble diversión con un ser vivo, la ancestral astucia y la eminente nobleza.

Valores obsoletos quizás, pero imprescindibles y muy sencillos de transmitir a cualquier niño; conviviendo con un animal se asumen responsabilidades, se adquiere una percepción de la lealtad y el cariño, nos acercamos a la naturaleza y aprendemos a respetarla.

La cultura y la educación son aspectos muy  globalizados, pero en cada núcleo familiar reside la  clave del futuro; aquellos que nunca han convivido con animales pierden la oportunidad de transmitir un poco de sabiduría, de ofrecer a sus hijos una ventana diferente a la del ordenador o el smartphone; merece la pena intentarlo.

Pasos pequeños en medio de la locura de nuestra sociedad actual, pasos de gigante hacia un futuro incierto y cada día más materialista.

El reto no consiste en ser capaces de observar lo que nos rodea, el reto consiste en ser capaces de no ignorar la vida en todos sus aspectos;  lograr que un niño sea capaz de apreciar la naturaleza, no como un hecho extraordinario si no como parte de su vida.

Como adultos somos un desastre, pero somos aquello que cada uno ha vivido; y en ese aprendizaje el mundo animal puede y debe ser un referente. No seamos salvajes con la naturaleza, la ignorancia nos lleva al desprecio y el desprecio a la destrucción.

Construyamos entre todos, día a día, aunque sólo sea un pequeño espacio en la mente de ese niño que se asombra al ver un plc en la calle y lo confunde con un lobo…..su sabiduría me asombra.

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