La gestión de los conflictos y la ridícula sabiduría humana.

” La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia”. Rotunda frase atribuida al gran filósofo griego Sócrates.

En que pocas ocasiones llegamos a reconocer nuestra ignorancia……………somos capaces de defender a capa y espada una idea, un concepto o un argumento, a sabiendas de carecer del suficiente conocimiento o experiencia; somos así de quijotes y tirados palante.

Y nunca partimos de una base universal, inmutable y tan vieja como la vida en el planeta; todo, absolutamente todo, es relativo.

Tan relativo que en ocasiones me pregunto cómo somos capaces de sobrevivir, a esa gama de colores que inundan nuestros sesudos devaneos sobre cuestiones tan complejas.

Pero somos más chulos que un pincel poseído en un lienzo en blanco, somos los reyes del mambo argumental y sobre todo ejercemos de sabios de salón.

El ser humano tiende a etiquetarlo todo, a encasillar en pequeños cajones cualquier conducta; así todo aquello que nos resulte llamativo, diferente o sencillamente incomprensible a de tener una sesuda explicación y terminar en el cajón correspondiente.

Y con lo anterior, nunca despreciaré los esfuerzos sinceros en los que se estudia de manera seria y consecuente una conducta.

Y las conductas en el reino animal son nuestro talón de Aquiles, sabemos destruir, exterminar y seguidamente intentar recuperar lo perdido; se nos da de lujo ejercer de apisonadoras en nuestro entorno natural, en ese campo no tenemos rivales, pero me enerva y me subleva – mucho más – cuando surgen modas, movimientos, escuelas y tratados conductuales  cual plaga de langostas en un sembrado.

Resulta que todo tiene su lógica explicación, vamos…. pero sin lugar a la duda o el asombro; resulta que ahora somos capaces de entrar en la mente y cuerpo de cualquier animal …y por lo tanto podemos explicar qué, cuando, cómo y por qué determinada especie actúa o deja de actuar.

Y no hablo de loables experiencias, en las que uno o varios seres humanos han dedicado toda una vida a convivir……convivir……con una especie para intentar comprender su conducta.

No…..intento exponer algo muy diferente, intento reflexionar – reconozco que desde un cabreo supino – sobre la proliferación de escuelas dirigidas a “corregir” conductas en animales de compañía.

Y es que esta sociedad consumista genera sus propios focos de riqueza, de forma paralela a modas y tendencias; y me centraré en nuestra raza, en el perro lobo checoslovaco.

Sobra indicar que esta raza genera conflictos, choca en ocasiones con nuestro entorno inmediato y no digamos ya con el exterior.

Y he aquí que con una raza tan reciente, tan especial y con una genética heredera del lobo, cualquier sabio de salón nos dará lecciones magistrales.

Y es que les ampara la sabiduría obtenida en cursos y seminarios ( de fin de semana), les cubre el aura de su innegable dedicación; sorprende que muchas de estas escuelas, tendencias o tratados conductuales conozcan la raza de oídas.

Sorprende cuando tan siquiera los propietarios, que llevan conviviendo con un plc muchos años, tienen ni tenemos un conocimiento global o contrastado que nos aporte suficiente sabiduría.

Tenemos, eso sin duda, la posibilidad de la observación, la realidad de nuestra propia gestión de cada conflicto; tenemos la experiencia centrada en uno o dos ejemplares. En definitiva tenemos unas pocas piezas, de un puzzle compuesto por miles.

Y reconocer esa ignorancia nos haría avanzar, pero por desgracia en el mundo del perro lobo checoslovaco existe más “sabiduría” que reconocida ignorancia.

Cuando una raza es tan novedosa, cuando además es complicada por naturaleza, en lugar de aunar esfuerzos dirigidos a un merecido estudio global, serio, científico y contrastado, el campo se abona para la ignorancia disfrazada de sabiduría.

Así si el ejemplar rechaza y huye de las personas, ajenas a su entorno inmediato, es debido a una mala socialización. Si el ejemplar reacciona con otros perros de manera dominante y agresiva es debido a mil y una razones en las que el ser humano a cometido errores.

Y mil ejemplos similares en los que todo, absolutamente todo, tiene una sesuda explicación; y el objetivo no es otro que moldear al ejemplar a nuestra magna intención.

Y no puede ser de otro modo, conviven con nosotros, somos al fin y al cabo los responsables de su existencia; pero realmente analizamos qué parte hay de “deformación” por intervención humana y qué parte pervive por una fuerte carga genética.

Mis dudas son razonables, hay y habrá multitud de casos en los que la conducta conflictiva de un plc se deba a la intervención humana; pero existen otros casos en los que pervive un comportamiento libre, reglado por conductas no aprendidas, regido por el instinto natural o la carga genética.

Por desgracia sólo conozco personas – y empresas con su correspondiente ánimo de lucro –  que observando una conducta intentan modificarla sin alcanzar nunca el por qué o el origen de la misma.

Sobran “encantadores” de perros y falta sentido común. Que duda cabe, existen personas que transmiten y son capaces de comunicarse con cualquier animal; pero hacer de dicha capacidad un manual tipo Ikea,  por el que cualquiera puede montar un mueble a su medida, es mucho pedir.

Mientras tanto observamos esas conductas con asombro, intercambiamos experiencias, encontramos algunas soluciones; todo ello desde la más pura afición y devoción a la raza.

Nunca debemos menospreciar  una ayuda ante un conflicto, pero no elevemos una concreta solución – para un ejemplar – al sancta santorum de la sabiduría.

Ayer tuve la oportunidad de comprobar cuan ignorantes somos, en nuestra tozuda sabiduría, ayer el suceso me dio una nueva lección con esta raza.

Ciro con sus seis meses es un ejemplar escandaloso, impositivo y aullador con otros perros, teatral en lo aparente y preocupante para aquel que no conozca un poco la raza.

Me encontraba en un recinto cerrado con Ciro y Leah y se aproximó una persona con un perro raza Husky, un macho grande y poderoso. En ocasiones habíamos coincidido y Ciro lo había abrumado a aullidos en la oreja, pelo erizado y contacto físico agobiante.

La citada persona abrió la valla de entrada y de pronto la reacción de Ciro fue abalanzarse directamente sobre el Husky. Gruñendo y totalmente erizado….. el dueño sujetó al perro, asustado por la reacción que pudiese tener; me aproximé a sujetar al chulo del barrio y en ese momento ambos se enzarzaron en una aparente pelea descomunal en gruñidos y movimientos bruscos.

De inmediato le pedí lo soltase, no era seguro estar en medio de semejante trifulca, lo soltó…….y cuando daba por hecho que allí se cocía una tragedia el Husky, con todo su peso, inmovilizó a Ciro en el suelo se produjo un silencio sepulcral y  ambos se separaron con tranquilidad y estuvieron juntos en el recinto sin ningún problema.

No hubo heridas, no hubo sangre y la lección fue que un cachorro exageradamente provocador y teatrero acabó en su lugar ante un macho adulto y consecuente, sin intervención humana y con una regulación natural digna de admiración.

De sobra se que esto no es un patrón de conducta extensible a otros ejemplares, sobra reconocer que es un caso concreto en condiciones particulares; pero he aprendido que la intervención humana, en ocasiones, puede y de hecho empeora una conducta que se auto regula por los actores de la misma.

Lo difícil es encontrar dueños capaces de sustraerse al humano miedo, y lo seguro es que de esta conducta no crearé una escuela;  pero si he asistido a una gran lección. La de reconocer mi propia ignorancia y estar dispuesto a aprender observando.

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