El silencio de los lobos.

“El silencio es la virtud de los locos”. Francis Bacon, estadista y filósofo británico, dejaba esta frase para la posteridad; su significado podría adaptarse a lo que el lector quiera o desee desentrañar.

Todo es relativo en esta vida, y nada es más inmoral que no saber escuchar; y escuchar el silencio ayuda a entender. Somos escandalosamente ruidosos, el ser humano es un compendio de sonidos que nacen de una falsa supremacía; de una absoluta seguridad en cualquier entorno.

La naturaleza, sabia en su devenir, no escatima sonidos; pero todo mantiene un equilibrio ajustado y perfecto, nada es casual y nada se produce por qué si.

El silencio nunca es tal, y el perro lobo checoslovaco hereda una parte muy destacada de su antecesor el lobo.

Siglos de persecuciones, casi de exterminio total, han podido moldear la comunicación del lobo con su entorno; con sus congéneres y con el resto de seres vivos.

No soy especialista en la conducta del lobo en general, tan sólo admirador de la especie y de todos aquellos que han dedicado parte de su vida y esfuerzo a intentar comprender a una de las especies animales más estigmatizadas de todo el planeta.

Y el lobo es atronadoramente silencioso, su comunicación es reconocida por los aullidos; pero es una mínima parte de su comportamiento comunicativo grupal y con su entorno.

Convivir con un perro lobo checoslovaco, nos ofrece una oportunidad única de aproximarnos a la herencia genética de la comunicación silenciosa.

Cuando se ha convivido con perros, de cualquier raza,  y se comparte la vida por primera vez con un plc hay algo que sorprende; asombra de un modo extraordinario.

Nunca olvidaré mi primera asistencia a una monográfica en Puebla de Sanabria, estuvimos alojados en un camping con bungalows tipo cabañas; calculo que aproximadamente coincidieron más de 30 ejemplares en dicho lugar.

Y no lo olvidaré por que la dueña del recinto, una mañana, nos dijo sorprendida que cómo era posible que con tantísimo animal y en toda la noche no se hubiera escuchado ni un sólo ladrido.

Y así fue, el perro lobo checoslovaco habitualmente no ladra – partiendo de la premisa habitual de que cada ejemplar es un mundo distinto – el plc observa, analiza detenidamente y despliega en cada caso señales mucho más atronadoras que un sonido.

Desde cachorro su eléctrico comportamiento puede no ir acompañado de demasiados sonidos, puede entrar en un estado de “enajenación” transitoria corriendo alocadamente, saltando y persiguiendo fantasmas…y todo ello sin emitir más sonido que el roce de sus uñas contra el suelo.

Y sin embargo cuando “suena”,  por primera vez,  te provoca un extraño escalofrío. Al menos en mi caso así fue, escuchar un gruñido gutural, introvertido y progresivo, ver cómo la cabeza se alza hasta extender el cuello por completo y cómo se inician una serie de aullidos con distintas tonalidades….. es lo más extraordinario que recuerdo.

Pero esa es otra historia, la mirada de un plc es inquisitiva, presta al aprendizaje y la comprensión de todo su entorno; en ocasiones silenciosa….sí…absolutamente silenciosa y penetrante, cuando descubres que te miran a los ojos las sensaciones son extrañas.

Pero cuando realmente observas el silencio más elegante, natural y espléndido es viendo caminar o trotar a un plc en su medio.

Los movimientos del plc son una perfecta coreografía, ni un gasto extra de esfuerzo físico; realmente parecen levitar en cualquier camino, senda o tramo natural y sobre todo apenas se les oye.

En no pocas ocasiones he perdido de vista a Leah, acostumbrando a iniciar expediciones por su cuenta; tras un rastro, o simplemente para observar y controlar el perímetro del lugar en el que se encuentre.

Reconozco que en muchas de ellas me he desesperado, la he llamado por activa y por pasiva…me he puesto hecho un basilisco para descubrir que se encuentra sentada tras de mí, sin haberla oído lo más mínimo…..

Y ese silencio asusta, esa capacidad para mimetizarse con la naturaleza asombra; sin esfuerzo un plc puede ser muy silencioso. Su capacidad auditiva y olfativa refuerzan esa habilidad y lo convierten en capaz y digno heredero de su antecesor.

Podemos calificar como virtud dicha capacidad, sin duda lo es…..una virtud atávica que permite escudriñar, acechar y prepararse para sobrevivir en cualquier entorno; una virtud que curiosamente acompaña a la locura.

La locura excéntrica de la raza, fuera de estereotipos; alejada de la docilidad canina habitual, una virtud extraordinaria que debemos apreciar.

El silencio de los lobos es la atronadora llamada a la reflexión, un grito mudo a la cordura; el recuerdo de la tozuda realidad en la que nosotros, los seres humanos, podemos equilibrar el peso de la balanza…… deshaciendo los errores pasados.

Convivir con un plc me recuerda cada día que no hay nada más preciso, completo, justo y equilibrado que el orden natural; intentar sojuzgarlo sin entenderlo, intentar modificarlo hasta su destrucción sólo conduce a nuestra propia ruina.

Si el silencio es la virtud de los locos………… nuestra estridencia es el mayor defecto de los cuerdos; aprendamos del silencio de los lobos y admiremos su reflejo en el perro lobo checoslovaco.

 

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