El crimen de Sierra Culebra.

“El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar”. José Ortega y Gasset, filósofo y ensayista español fallecido en 1955

La pertinaz estupidez de algunos humanos raya el absurdo, estupidez producto de una sequía emocional e intelectual…sin duda.

Pero la estulticia no se queda en una impostura de salón, acompaña al sujeto hasta callejones oscuros.

La estupidez es la puerta para la crueldad, y la crueldad es el marchamo indeleble de aquellos que ejercitan con esmero el “arte” del crimen.

Y no hablamos de un crimen “valeroso”, a pecho descubierto y midiendo la fuerza del atacante a las capacidades del agredido… con aviso previo…..no….hablamos de cobardía.

Y me perdonarán el tono, la forma y el fondo; pero uno no aguanta respirar el mismo aire que sujetos como los protagonistas de esta nuestra triste y real historia.

Un crimen se puede perpetrar contra un ser humano, pero también puede consistir en una acción de gran maldad cuyo objetivo sea un animal.

Y el mal anida en la ignorancia, crece con la estupidez y se gradúa con los cobardes.

Como siempre vaya por delante que, cualquier comparación que pueda entreverse en este artículo, y entre especies, es pura imaginación del lector; o simple minería sentimental del autor.

Sierra de la Culebra , provincia de Zamora, un paraje natural extraordinario y vergonzosamente protegido.

Una reserva regional de caza de la Junta de Castilla y León que ofrece entre sus especies cinegéticas al lobo……mal empezamos.

Pero el hombre en su continua dualidad reservó un espacio protegido, un santuario en la referida Sierra de la Culebra.

El santuario se encuentra en El Casal, en Tábara, y en dicho emplazamiento la guardería de medio ambiente de la reserva introdujo a dos ejemplares de lobo ibérico.

El destino de ambos era el Centro de interpretación del lobo que el ayuntamiento de Puebla de Sanabria, y la Junta de Castilla y León, tienen proyectado construir en Robledo.

Al parecer el macho es y sigue siendo un lobo pleno, un grito de libertad, un ahogado grito de pura libertad…..un escarnio para esclavistas, zoológicos y demás ralea exterminadora.

Ella ….esa pequeña loba es otro cantar, me asaltan las lágrimas en un rostro curtido por mil batallas y con cicatrices de muchas guerras…no puedo evitarlo.

Ella tuvo una vida desgraciada, absolutamente desgraciada; procedía del desaparecido centro de Matapozuelos en Valladolid.

Llevó una vida aprisionada entre rejas, privada del principal motivo para vivir…la libertad.

A tal extremo su estado físico era penoso, que cuando fue recuperada por medio ambiente – para su traslado a la Sierra de la Culebra – la opinión generalizada es que moriría.

Pero esa hembra, heredera de valles y ríos, de cascadas y bosques, de aire limpio y viento recio…..esa hembra comenzó a mejorar en semilibertad.

Ganó peso y su salud mejoró, la naturaleza insufló en ella su magia y la colocó en un rinconcito pequeño pero gratificante para quién había vivido en jaulas.

Ella además contó con un compañero, con un macho…..una pareja probable, un futuro incierto pero esperanzador.

Ella tuvo otra oportunidad, el hombre le arrebató la primera y se la devolvía a plazos esta segunda vez.

Pero el mal anida por doquier, y la cobardía es el deporte de los débiles de corazón y raquíticos de mente.

Y la localizaron, estudiaron sus movimientos y costumbres y descubrieron que incluso se acercaba a la mano de los seres humanos……el macho, solemne heredero de atávicas costumbres, huía del hombre…pero ella….nuestra loba, no.

Y esa confianza, esa deformación conductual, sirvió para pergeñar y urdir un plan macabro, cobarde y criminal.

Nuestra loba se aproximó a la cerca perimetral, con confianza y curiosidad, imagino que esperando comida, una caricia o simplemente compartir un momento.

El macho observó, con la ancestral sabiduría de su especie, y se alejó del alcance del hombre.

En dicho instante sonó un disparo, certero y cobarde, y nuestra loba acarició la hierba con su cuerpo, notó su fresco olor una vez más….. mientras su sangre abandonaba un cuerpo que empezaba a vivir.

Sus ojos puede que mirasen por última vez al hombre, asombrados…..prefiero pensar que se alzaron al cielo de Zamora, captando por última vez una bella imagen.

Muchas veces denostamos en nuestros perros lobos checoslovacos su extrema cautela, su natural desconfianza hacia los seres humanos.

Hoy, tras revivir emocionalmente la historia que acabo de relatarles, me rindo a la evidencia.

Si un resto genético del lobo pervive en nuestros ejemplares, si un solo resto permanece en ellos…ha de ser la natural desconfianza hacia una especie en la que abunda la estupidez, el crimen y la cobardía.

Pero tal y como dejó reflejado el gran Ortega y Gasset, el mayor crimen no está hoy en los que matan….reside en aquellos que aunque no matan dejan matar.

Y dejar matar es guardar silencio, o mirar hacia otro lado con sucesos como el crimen de la Sierra de la Culebra.

Pido a todos los dioses que acojan en su seno a esa loba nuestra, tuya y mía, y que los bosques del cielo acaricien su mirada….nosotros sólo supimos darle muerte.

P.S.

Los hechos narrados sucedieron en el año 2009, aunque rescatados hoy del olvido creo merecen recordarse. Por desgracia el macho corrió la misma suerte 3 años después.

Gracias Felipe por tus aclaraciones.