La compleja sencillez de la raza.

“Todo es muy difícil antes de ser sencillo”. Thomas Fuller clérigo y escritor británico.

Nos empeñamos en descuartizar, minuciosamente, todo comportamiento animal; nos sobran bemoles para ello, la sinfonía de nuestra sesuda capacidad armoniza nuestras elucubraciones.

Eso sí, no pidamos peras al olmo ni razonamientos más allá de lo evidente. Y es que la complejidad en esta vida se encuentra salpicada de sencillez.

Sencillez en todo aquello que es natural, nunca en lo artificial o protagonizado por el ser humano.

Nunca dejaremos de constatar lo compleja que resulta esta raza, el perro lobo checoslovaco podrá ser todo lo que ustedes quieran, podrá ser incluso lo que no quieran; pero su complejidad llega a extremos confusos y enmarañados.

Y todos, unos y otros, defensores de su exclusivo ser y detractores del mismo, constatan su complejidad.

Y de un modo automático, casi imperativo, se aconsejan medidas, se incide en métodos, se llega casi a la tesis doctoral sobre qué hay que hacer para evitar ejemplares tímidos, ariscos, destructivos o simplemente asociales.

Loables respuestas, bienintencionada reacción en la mayoría de los casos; pero verán ustedes, uno que es más sencillo que el mecanismo de un chupete – lo confieso sin rubor – observa cada día a los dos ejemplares con los que convive……… y se asombra por la duda razonable.

La duda razonable sobre si acaso los árboles no nos dejan ver el bosque, y es que no me cansaré de repetir que cada ejemplar es un mundo.

Podemos encontrar criadores con un alto nivel de trabajo, con la progenitora y con la fase de selección del macho, con una entrega encomiable en la fase de impregnación de los cachorros dirigida hacia el entorno físico y etológico futuro.

Podemos comprobar cómo, esos excelentes criadores, se han desvivido en aportar todo lo inimaginable en esa fase crucial.

Y señores….aquí viene la caprichosa decisión de la naturaleza, la impronta sublime que la propia vida otorga a cada ser; de una camada con idéntica dedicación surgen ejemplares tan dispares como la noche y el día.

Y es lo habitual, la norma general y cuasi el marchamo de la raza; al menos en todas aquellas camadas que conozco.

La duda razonable que me asalta, cada día que observo ejemplares y comportamientos, tiene que ver no con el cómo afrontar la complejidad de la raza – capítulo aparte sin duda – si no con las razones que motivan su especial forma de estar y de ser.

Y sobre todo su especial modo de relacionarse con el entorno exterior y con nosotros mismos.

Cómo podremos plantear soluciones, con qué autoridad podremos elevar métodos y pautas de conducta, si no alcanzamos a entender con qué tipo de animal nos encontramos.

En ocasiones retroceder ayuda a avanzar de un modo notable.

Hemos comprobado – por activa y por pasiva –  que en una misma camada el carácter de cada ejemplar puede ser diametralmente opuesto, y ello no sólo recibiendo idéntico trato por parte del criador…..no, además con el mismo esfuerzo en el trabajo de cada propietario.

Por lo tanto existe un componente genético, una herencia recibida, que marca si un ejemplar será más, menos, o nada sociable con su entorno exterior.

Ojo, lo anterior nunca – al menos en aquellos ejemplares con los que he tratado – incluirá ejemplares agresivos para con el ser humano..en absoluto, incluso aquellos mas dominantes o aparentemente “salvajes” rehuirán al ser humano, ajeno a su entorno inmediato, cual lobo al hombre.

Conductas innatas en ocasiones y nunca aprendidas, conductas innatas y nunca el resultado de una mala praxis por parte del dueño…por regla general.

Si esa carga genética dota de un marchamo tan fuerte ……..probablemente haya razones científicas que despejen nuestras dudas, al menos durante casi tres años las he buscado.

Explicaciones sencillas y comprensibles, argumentos claros y diáfanos, desde luego no he logrado encontrar.

Nunca podré aportar nada nuevo a este santo grial del perro lobo checoslovaco, resultaría ridículo; tan sólo la observación, la comparación y la propia historia reciente de la raza nos ofrece hechos objetivos….cada cual deberá extraer sus propias conclusiones.

Pero en el empeño de razonar sobre la diversidad de comportamientos, en la constatación de patrones idénticos de conducta; en ello reside la clave.

Bajo mi personal punto de vista, simple y alimentado por la convivencia y la observación, la complejidad de la raza reside en su origen tan reciente cómo cercano.

Y es que a menudo olvidamos lo crucial, los árboles no sólo nos tapan el bosque ……además hacemos leña con ellos.

Hacemos leña con todo ejemplar distinto, rebelde a nuestro entorno, inconformista con nuestras normas y diferente a lo que queremos. O lo que es peor…hay quién disfruta del deporte nacional, crucificando a criadores y dueños cual Santa Inquisición renovada.

Y señores…..si alguien se molesta en mirar el pedigree de su ejemplar, de retroceder en ese árbol genealógico, puede que sin mucho trabajo encuentre a Rep a Bikar o a Bessy, ejemplares todos ellos F1; es decir, resultado del cruce con un lobo puro de los Cárpatos.

Y ese hallazgo nos llevará, aproximadamente, al año 1980.

34 años de evolución, 34 años de historia; un pequeño periodo de tiempo para que se diluyan instintos y comportamientos. Un espacio tan corto de tiempo como las mangas de un chaleco.

Y hoy, treinta y cuatro años después, tenemos ejemplares evolucionados; tenemos ejemplares domesticados, tenemos ejemplares menos adaptados.

Pero tenemos el resultado de lo que el hombre quiso, y en todos los casos hemos de alabar un hecho….sublimarlo de modo notable; el perro lobo checoslovaco será lo que ustedes quieran, pero lo que resulta un hecho es que este maravilloso animal adora a su dueño, vive por y para él sin dejar de ser él mismo.

La compleja sencillez de la raza reside en aceptar su ser, en reconocer la fuerza del instinto y en trabajar su adaptación….nunca en ocultar o intentar eliminar lo que le convierte en único y diferente.

Todo es muy difícil antes de ser sencillo, y realmente creo que admiramos esa compleja sencillez; de un vestigio natural,  inmerso en un mundo artificial.

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